​¿Hasta cuándo seguiremos dejando la vida para después?

​Vida y muerte todo el tiempo presentes y al mismo tiempo ignoradas; hace mucho llegué a la conclusión que luego afiancé al leer sobre estoicismo: vivimos como si nunca fuéramos a morir, pero eso que llamamos «vivir» lejos está de serlo en su concepto pleno, vivimos aplazando sueños para después, proyectos que se quedan planteados esperando en la banca su momento.

​Hoy, esperando mi turno para un examen, reflexione cómo hoy en mi trabajo inicié el día con el reporte con el fallecimiento de la madre de una colaboradora, la noticia de que alguien está embarazada y otras dos personas con diagnóstico de cáncer... Vida y muerte presentes todo el tiempo, pero solo lo comprendí cuando, con un detalle hermoso que alguien me hizo, me recordó que nuevamente me estoy aplazando para después por el temor a equivocarme en la decisión, o quizás también por el temor a lograrlo.

​Con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada mientras leía los hermosos deseos que alguien tenía para mí, respiré profundo y le dije a la persona con la que estaba reunida: «sigamos acá, me duele el pecho». Salí del trabajo con el afán de llegar a tiempo a la clinica para realizarme un examen especializado, y durante todo el recorrido me pregunté: ¿estoy viviendo en automático?, ¿esto realmente es vivir?

​Ver mi nombre completo en una pantalla y esperar sola en una sala fría con el olor característico de los hospitales. Observar la interacción con los pacientes y sus familiares de las chicas de atención al usuario, lejanas a la angustia de quien llega a un examen en búsqueda de respuestas o a unos síntomas que quizás no necesitarían de un examen especializado para un diagnóstico, sino un poco más de descanso, de buena alimentación, relaciones que brinden tranquilidad y no angustia, más conversaciones sinceras consigo mismo para reconocer que todos los días morimos un poco, permitiendo que la vida se pase leyendo correos, organizando Excel y solucionando cosas.

​¿Qué es la vida? ¿Qué es el sentido? Preguntas que se han realizado en todos los tiempos: algunos encontraron sentido en la religión, otros en el trabajo, otros en ser papás... Pero yo no lo logro encontrar.

​Le pregunté a mi mamá: «¿muy loco si me dedico a escribir, enseñar psicología y a pintar?», y yo misma me dije: de eso no vive nadie, quizás de enseñar psicología, pero de escribir y pintar sería utópico. Amo ver a los demás cumplir sus sueños, los impulso si está a mi alcance así sea una compra, una recomendación, porque me inspira verlos; ver la alegría en los ojos de otros me hace tener la esperanza de que algún día yo lo lograré también. ¿Será? Si me sigo aplazando, si me sigo diciendo «para después, mañana, el otro año», caigo en eso que me sorprende tanto cuando lo veo afuera: esperar para vivir porque ahora no hay tiempo.

​A veces somos tan fuertes para evaluar el camino del otro sin ver que quizás por trayectos lo compartimos con algunas decisiones.

​Días para vivir, días para morir... ¿Cómo vivir un poco cada día?, ¿cómo hacer que cada día, al final, al momento de dormir, pueda recostar la cabeza en la almohada y sentir que valió la pena cada momento del día que está por terminar?

​Qué relaciones quiero sostener y construir y cuáles dejar ir; a veces suena difícil, pero si me preguntara si esa relación me permite sentirme tranquila, escuchada, valorada, tenida en cuenta, sería un sí, y todo lo que sea un no, ¿cuál sería la importancia de tenerla en mi vida? Quiénes realmente notarían mi ausencia cuando muera: de esas personas me quiero rodear para sumar vida a la vida; los demás serán compañeros temporales de vagón en un viaje que a todos nos lleva al mismo destino, así algunos no quieran mirar por la ventana al paisaje que los acompaña por estar concentrados en el camino que cada uno recorre como si no llevara al mismo lugar, ajeno, desconocido e ignorado, pero siempre presente a cada instante.


Un día a la vez, un paso a la vez. Sandra Jurado









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