Del miedo a la cercanía a la decisión de construir juntos
¿El amor duele? El amor es un concepto lleno de luces y sombras. Mientras algunos añoran una manera de amar genuina, otros le temen: hay quienes dicen que quieren enamorarse, pero ante la menor oportunidad ven todas las razones para no hacerlo.
Correr el riesgo de amar y salir lastimados, o huir del amor e igual salir lastimados... La manera en que nos amaron en la niñez, sin saberlo, nos condiciona para buscar patrones de amores a veces no tan sanos. Si buscamos sanar la ausencia que se percibió en la infancia de un cuidador presente, nos volvemos cuidadores —la mayoría de las veces— de personas que no quieren ser cuidadas, solo para recordarnos que, así como cuando éramos niños, no nos van a amar. Qué complicada y hermosa a la vez es la mente: cree que te protege porque te lleva a una herida que ya conoces.
Hoy me pregunto: ¿qué es lo difícil de amar? Lo difícil no es entonces que me lastimen inconscientemente; lo difícil es hacerse cargo de la elección y comprender de dónde nace.
Hace poco me preguntaron cómo sanar después de una pareja narcisista, y mi respuesta fue «terapia y amor propio». Esa es la receta que me ha funcionado a mí; sin embargo, hoy me doy cuenta de que quizás a la receta le faltan otros ingredientes.
Desde la teoría del apego se dice que los ansiosos elegimos a los evitativos de manera no muy consciente, y los evitativos nos eligen para sentirse superados por el vínculo y la cercanía. Qué paradójico: ambos solo quieren una conexión real, pero ambos eligen a quien no puede dársela. Y en muchas ocasiones no porque no pueda, sino porque son tantos los temores que lo que hacen es poner tantas capas, tantas barreras para evitar el daño, que lo único que tristemente está asegurado es el daño.
El amor hiere, pero el amor también sana, y por eso el primer amor que sana es el propio. Aunque mucho se habla de él, poco se dice de lo duro que es construirlo: armar pedazos de sí que llevan partidos hace tanto que olvidaste cómo encajan. Y en ese proceso de ir por la vida con heridas, cuando alguien se acerca, ¿cómo no lo vamos a herir? Reaccionamos desde las defensas que aprendimos de pequeños, que en aquel momento fueron muy útiles, pero en este momento quizás ya no.
Nos aislamos para no generar conexiones, pero cuando no nos tienen en cuenta, nos ofendemos. Si finalmente eso es lo que queremos... ¿o será que no? Queremos la conexión pero le huimos; nos llenamos de máscaras para protegernos cuando el mayor potencial de daño lo tenemos dentro de nosotros.
Nos saboteamos cuando las cosas van bien porque necesitamos confirmar que no estamos seguros, que no somos personas a las que se pueda amar. Cargamos nuestros errores del pasado como cicatrices en el rostro que nos excluyen; los demás no las ven, pero nosotros sí, y tememos que nos descubran. Si se cae la máscara, se verá realmente quiénes somos. Alguna vez me dijeron: «Creé un personaje para que no te conozcan; si lo hacen, te harán daño». Por qué es más seguro ser una construcción que ser uno mismo. Desde todos los tiempos ha existido el temor a ser libremente, a expresarse, a amar, a sentir. Ya lo han plasmado en todas las épocas en canciones, cine y poemas.
¿Por qué construimos una máscara para escondernos y no nos permitimos ser? ¿Por qué solemos lastimar a las personas que más amamos? ¿Por qué los límites se dificultan para algunos y para otros no?
Enojarse con alguien que amas es posible y a veces necesario para enseñar los límites que no estamos dispuestos a negociar. Herir a alguien no debería ser una opción, pero nos enseñaron a defendernos y a ponernos a nosotros primero, así lastimemos en el camino. Desde pequeña me preguntaba por qué el ser humano era así y ahora que soy adulta sigo sin comprenderlo.
Hay quienes ven a una pareja feliz y les da rabia o envidia, y buscan cómo dañarla; y hay quienes la ven y se preguntan cómo construir una pareja así. Las relaciones de pareja son retadoras: son decisiones y elecciones de todos los días. Eliges construir desde cada pequeña acción: un saludo, un «te quiero», un «me avisas cuando llegues». Y en ocasiones, algo que construyes con amor y dedicación, de la nada llega alguien más a dañarlo... El ser humano y su innegable potencial de daño. ¿Por qué no somos más luz en un mundo lleno de oscuridad?, me pregunto constantemente. ¿Por qué tanta mala energía? ¿Por qué gana el dolor?
En un mundo de notas tristes y alegres, el amor tiene la capacidad de crear melodías hermosas. Y no hablo del amor romántico que nos enseñaron las novelas: hablo del amor real. De ese amor que se tambalea ante los problemas, de ese amor que te permite ver en el otro la vulnerabilidad para protegerlo, no para atacarlo. Ese amor que lucha al lado del otro para darle fuerza; ese que, cuando caes, te levanta, celebra tus logros, te impulsa y te acompaña a brillar porque sabe que tu brillo también lo ilumina.
Un paso a la vez, un día a la vez. Sandra Jurado
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