Pero en ella viven muchas de mis preguntas.
Ella camina donde yo a veces me detengo.
Siente lo que aún estoy aprendiendo a nombrar.
Estos cuentos no cuentan su historia.
Cuentan lo que ocurre cuando alguien decide habitarse.
Alma no busca respuestas definitivas.
Camina con preguntas.
Es soñadora, pero no ingenua.
Ha conocido la ilusión… y también la desilusión que deja cicatrices silenciosas.
No dramatiza el dolor: lo escucha.
No corre del vacío: aprende a habitarlo.
Alma observa más de lo que habla.
Siente antes de nombrar.
Y cuando escribe, no lo hace para explicar la vida, sino para acompañarla.
Ella abre los ojos y siente cómo la tristeza habita cada espacio de su cuerpo, se pregunta por qué siente esa opresión en el pecho que hace que el aire ingrese lento y levantarse se sienta como una batalla que no quiere librar, su cuerpo le manifiesta todo el cansancio que su corazón y alma ya no saben cómo expresar, es una tristeza que la habita hace tantos años que se pregunta quién sería ella sin ella.
Alma observa su mirada triste en el espejo, esa mirada que le recuerda que el brillo de sus ojos se apagó hace tantos años, que no recuerda el camino para regresar a sentirse como la última vez que la ilusión se sintió segura. Cómo conectar con ese lugar, en su corazón y en su mente, en el que estaba bien sentir sin el temor de ser decepcionada.
Sus ojos se llenan de lágrimas al recordar cómo desde muy niña se sentaba a esperar que su primer amor, su papá, llegara para jugar con ella, o para hacer las tareas; y pocas veces era posible debido a las responsabilidades de los adultos, a esa edad no podía comprender por qué se sentía sola y hoy tampoco lo comprende pues aun cuando esta rodeada de muchas personas, esa sensación de vacío lo sigue sintiendo en su corazón.
Alma soñaba un amor bonito, que construyó en su mente desde niña a través de historias, algunas novelas y los infaltables consejos de su mamá y abuela, sin embargo, cuando creció se dio cuenta de que esos príncipes solo existen en los cuentos, en los guiones bien diseñados de una serie, película romántica o una novela.
Hoy prefiere conversaciones reales, amores construidos con retazos de aprendizajes y una mirada genuina que le demuestre que el otro realmente la ve, y no que simplemente la observa.
Un día Alma estaba en un restaurante y mientras esperaba su almuerzo se detuvo a observar una pareja que en un primer momento posaban sonrientes para tomarse una foto, y piensa "qué linda pareja, se ven bien juntos" sin embargo, una vez lograda la foto perfecta cada uno toma un lugar diferente en la mesa y no existe ninguna conversación mientras esperan, el silencio, lo interrumpió el mesero al entregar la comida, sin una mirada entre ellos, se concentraron cada quien en lo suyo, sin compartir, sin complicidad, sin la más mínima pronunciación de una palabra, como si la presencia del otro solo fuera necesaria en el momento que la cámara del celular está activa para registrar tan importante momento.
Sus pensamientos son interrumpidos por la llegada de su comida y piensa "Qué triste tanto amor en una foto y tan poco en la vida real, en qué momento perderse en la mirada de quien te acompaña se pierde, en qué momento el otro que te acompaña no lo hace realmente sino que es una presencia llena de ausencia"
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