¿Qué es la intimidad?
Es curioso pensar en este concepto, creo que hasta hoy daba la intimidad por sentada, sin embargo, me doy cuenta que con pocas personas he tenido esa conexión, esa sensación de simplemente ser yo, sin máscaras, sin barreras, sin defensas, confiar en que el otro me acepta como soy, sin exigencias, sin reproches es poder sentir que soy suficiente simplemente por el hecho de existir, ahora entiendo por qué esa persona me da tanta tranquilidad, no necesito armadura para defenderme, estoy segura conmigo misma y con ese otro que me mira y que no simplemente me observa, sino que, por el contrario me ve con mis luces y sombras, me acepta como soy y no utiliza mis defectos para atacarme.
Esta sensación solo la he sentido con un ser humano hasta el
momento, y quizás sea algo que difícilmente volveré a sentir.
Ahora la pregunta es cómo puedo establecer una relación de
intimidad conmigo, cómo mirarme con la aceptación que espero recibir de afuera,
cómo ser auténtica, y sentirme aceptada incondicionalmente por mí si tengo tan
arraigados los mandatos con los que crecí, cómo construir mi propio camino, mis
estándares de felicidad, amor, éxito, cómo explicarle a mis papás que no quiero
repetir su camino, que para ellos estuvo bien, y los admiro por eso, pero que
no tiene que ser el mismo que yo recorra, sin sentir que por hacerlo los
decepciono.
Aprendiendo sobre constelaciones familiares, leí que como
hijos debemos honrar a nuestros padres, sin embargo, para crecer se hace
necesario decepcionarlos, porque si no seguiremos siendo los
niños que buscan la aprobación de sus papás, para no ser abandonados por el
hecho de no hacer caso, no sacar siempre excelente, equivocarse en el dictado o
experimentar algo diferente. Ya lo menciona Jung hace varios años atrás, que
para crecer debemos atravesar una inevitable ruptura con las expectativas de
nuestros padres
“El objetivo del proceso de individuación es convertirse
en uno mismo, dejando atrás las identificaciones con los padres.”— Carl
Gustav Jung
Hoy comprendo que mis papás me educaron de la mejor manera
para ellos, con amor, esfuerzo, temores y sus heridas, gracias a ellos soy la
mujer que hoy se mira al espejo y se siente orgullosa de quien es, les
agradezco inmensamente el camino recorrido conmigo, y comprendo lo que he
aprendido en constelaciones familiares, para respetar a mis padres, debo
honrarlos y aceptar que su camino fue diferente, hicieron lo mejor posible con
los recursos disponibles, y tomar mi camino reconociendo que tengo otras
herramientas diferentes para hacerlo. Suena fácil el reto es hacerlo consciente
para transformarlo y atravesar el dolor inevitable que implica aceptar que los
amas inmensamente y aún así eliges hacerlo diferente.
Con esta reflexión refuerzo mi pensamiento de que en muchas de nuestras elecciones somos adultos de cuerpo y niños de reacciones, cuántas veces elegimos algo para calmar nuestro interior sin comprender realmente por qué lo hacemos, cuántas veces reaccionamos desde el dolor que hoy no recordamos pero que guardamos en la infancia, cómo configuramos nuestros relaciones desde lo que aprendimos de pequeños que era el amor, un amor condicionado, un amor interesado, para el que ser el niño o niña buena nos hacía sentir seguros y vistos por nuestros cuidadores, o en otros casos así hicieras todo bien, siempre faltaba algo, siempre se podía mejorar, así uno sintiera que había hecho su mejor esfuerzo, el “pero” estaba asegurado, y aprendiste que nada era suficiente para que te amaran.
¿Bajo qué parámetros nos relacionamos? Algunos buscamos brindar al otro todo el amor que sentimos que faltó, porque nadie
merece sentirse así y otros eligen no entregar amor, porque aprendieron a
cuidar de ellos de pequeños, porque no recuerdan un cuidador seguro para ellos,
aprendieron a no ser merecedores de una mirada amorosa que acepta sin juicio, y
desconfían tanto que prefieren evitar el riesgo.
Amamos como aprendimos amar de pequeños y hoy eso me
cuestiona profundamente ¿Qué es el amor para mí? ¿Cómo aprendí de niña que se vivía
el amor? Estas preguntas me hacen reflexionar sobre mis elecciones en la vida y
llegó a la conclusión de que con razón como adultos nos equivocamos tanto, si
estamos repitiendo patrones aprendidos en la infancia, de los cuales tenemos
poca conciencia, inconscientemente buscamos replicar una manera de amar que,
aunque no comprendemos nos hace sentir en casa, así esa casa no sea
segura.
Recuerdo cómo un duelo amoroso llegó a mi vida y coincidiría
con un proceso de acompañamiento de coaching y ante esta situación me
preguntaron, ¿A quién le duele tanto esta situación a la niña, a la adolescente
o a la adulta? Inmediatamente respondí a la adulta, aunque internamente sabía
que mi niña estaba triste, recordé el momento de la despedida y cómo no sentía
las fuerzas suficientes para estar de pie.
Cuando el dolor de la pérdida llega siento que no tengo
fuerzas para sostenerme, los pies se debilitan, me agacho me tomo los pies o
coloco las manos en el suelo tratando de procesar el dolor que transita mi
cuerpo, hoy cuando recuerdo ese momento con lágrimas en mis ojos aceptó que
definitivamente en esa situación salió la niña que no tiene más recursos que
acurrucarse a llorar, ocultar su cara entre los pies y mirar al piso mientras
las lágrimas caen, ahí no estaba la adulta, estaba una niña que se sentía
indefensa y vulnerable.
En una conferencia escuché que esos momentos de dolor
activan la amígdala que a su vez pone disponibles los recursos que se grabaron
en la infancia sin pasar por el hipocampo para comprender mejor la reacción, es
un proceso automático que busca resguardar ante ese momento de dolor o amenaza,
esta reacción lejos de hacernos daño busca protegernos con los recursos
aprendidos en la niñez, ahora el trabajo interesante está en comprender qué
tanto de esta reacción hoy sí me protege o por el contrario me hace daño.
Cómo aprendo a elegir mejor las batallas a luchar, cómo
observar con el conocimiento de los años y cambiar la acción, cómo tomar el
mando de la situación y que la adulta esté a cargo para evitar sabotearme con
reacciones infantiles la vida. Llevó con esa pregunta tantos años en terapia y
puedo decir que no es sencillo y requiere de mucha autoobservación e
introspección para poder comprender cómo cambiar mi diálogo interno para
influir en mi observador y en la interpretación que hago de las situaciones,
cómo sentirme bien en calma, cuando crecí en un ambiente donde la tranquilidad
preocupaba porque seguro algo malo va a pasar, cómo aceptar que la vida es, que
la vida fluye, y que mientras se esté en este plano será para navegar a través
de diferentes momentos: aprendes, tienes pérdidas, fracasos, celebraciones,
alegrías y todo hace parte de este trasegar llamado vida.
¿Cómo dejar de luchar y simplemente vivir?
¿Qué significa el amor para mí? y cómo ser ese amor bonito
para mí misma, es curioso saber aparentemente que me gustaría recibir de la
persona que sea mi pareja y no tener tan claro que necesito de mi para mí para
convertirme en mi mejor aliado de vida.
El amor implica vulnerabilidad, y así debe ser, tener la
posibilidad de que la persona que nos ama pueda conocer todas nuestras partes,
con sus heridas y cicatrices y poder conocer también las del otro, todos somos
seres heridos, unos más que otros, unos con más trabajo en sí mismos y algunos
que ni siquiera se atreven a trabajarlo.
El trabajo terapéutico es doloroso y lento, el proceso
mental que conlleva tratar de resolver las preguntas que me habitan a veces es
desgastante, quisiera que existiera un interruptor de apagado, recuerdo desde
pequeña ser muy sensible, y en muchas ocasiones sentí que serlo me traía
problemas, sentir con intensidad, entregarme a las personas que amo y a los
temas que me apasionan, procurar cuidar y hacer que el otro pueda sentir mi
amor. Y hoy me pregunto ¿será un problema sentir tanto? Admiro a las personas
que logran desconectarse de la emoción, tener la capacidad de apagar el
sentimiento y actuar con frialdad yo, por más que lo intento no lo logro.
Hoy sigo construyendo el concepto de amor, aprendiendo de
amor propio para poder construir un amor de pareja sano, con los aspectos que
para mí son importantes, para construir una danza entre dos adultos que conocen
sus estrategias y las trabajan, cada día me convenzo más de que el amor se
construye día a día, con conversaciones difíciles entre adultos, porque entre
niños es muy difícil construir.
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🤩🤩🤩🤩
ResponderBorrarGracias por la reflexión, me conecto muchísimo con la lectura
ResponderBorrarSandita, gracias por compartir esta experiencia tan profunda. Yo estoy trabajando en saber quien soy y en sanar mi amor propio, así que estoy muy sintonizada con tu escrito. Un fuerte abrazo y adelante con este proyecto tan valioso que nos ayuda en nuestra búsqueda.
ResponderBorrarGracias a ti por leerme y por sintonizarte conmigo en este proceso de construir nuestro amor propio
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