Mi areté no es solo excelencia, es aquello que me hace auténtica y me conecta con mi esencia, un paso a la vez, un día a la vez.
A lo largo de la vida, me he preguntado qué será eso para lo
que seré naturalmente excelente. Ese talento que fluye, esos momentos que conectan
con mi esencia y que me hacen sentir que vivo mi propósito
Leyendo filosofía clásica me encontré con el término “areté”
y quise comprender mejor qué significaba:
“Areté es un concepto central de la
filosofía griega que designa la excelencia o virtud propia del ser humano,
entendida como la realización plena de sus capacidades racionales y morales.
Para Aristóteles, areté es un hábito deliberado de elegir el justo medio
entre extremos, guiado por la razón, y constituye el camino hacia la eudaimonía
o felicidad.” Cf. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Libro II.
¿Qué es la
excelencia? ¿De dónde aprendimos el significado de esta palabra?
La Real Academia Española (RAE) la define como la
"superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación
algo" para Aristóteles es el areté, para pensadores como Viktor Frankl
y Rollo May, excelencia no es conformarse a un ideal externo, sino vivir
con integridad, consciencia y valor, fiel a uno mismo ante la angustia y
la libertad. – Cf. Viktor Frankl, “El hombre en busca de sentido”; Rollo
May, “El descubrimiento del ser”.
Y puedo seguir citando diferentes definiciones. La cuestión
es, después de todas estas, ¿cómo construimos nuestra definición? Esa que nos
hace sentido y demarca nuestro actuar. Pareciera un tema sencillo, pero tiene
un trasfondo interesante. A veces me pregunto por qué es tan complejo lograr el
equilibrio, el justo medio del que ya hablaba Aristóteles hace miles de años.
Crecimos en una sociedad exageradamente individualista.
Desde el colegio nos adoctrinan para pensar en términos de competencia, de
ganar o perder, en no ser mediocres, para crecer y comprender que el primer
lugar en la competencia no es realmente el más sano siempre; que tiene un costo
personal y social alto; que estableces estándares demarcados por las
expectativas de otros a los que pocas veces lograrás satisfacer. Pues, en
ocasiones, esos mismos que te exigen logros, son los mismos que te juzgan por
no hacerlo bien, cuando en algunos temas no saben hacer lo que tú sí. Vivimos
en una sociedad que educa para señalar todo en lo que se equivocó el otro, para
distraer la atención de lo que no nos arriesgamos hacer.
Luego de esta reflexión vuelvo a pensar en el concepto de
areté, ¿Por qué no recuerdo aprender sobre este tema en el colegio y, mucho menos
en la universidad? Desde pequeños nos educan para convivir en un entorno: derechos
civiles, normas de conducta, cómo ser un buen ciudadano y así… pero no recuerdo
que se enmarque precisamente es ese encontrar eso para lo que se es bueno, en coherencia
con tus principios y valores. Qué curioso que llegue este término a mi vida en
este momento, y que me haga tanto eco y lo quiera comprender.
Hoy, ante la pregunta de cuál es mi areté, sigo en búsqueda
y construcción de eso en lo que siento que puedo fluir en coherencia conmigo. ¿Cómo
tomar las riendas de mi vida y saber realmente lo que quiero y qué me hace
feliz? ¿Cómo ser la guionista y la protagonista de mi historia?
¿Qué decisión tomarías si fueras consciente de que lo único
cierto es que vas a morir? ¿Tomarías las mismas decisiones? ¿Será que se
tendría mayor claridad sobre en qué se es bueno para enfocar allí todos los
esfuerzos?
La película El curioso caso de Benjamin Button me dejó
pensando: ¿cómo sería la vida si naciéramos siendo viejos, y fuéramos conscientes
de que la muerte está cerca desde el momento uno de vida?, si la certeza no
fuera la vida, la juventud, la energía sino la enfermedad y la inminente
muerte, ¿viviríamos diferente?
¿En qué momento nos creímos la promesa de vivir muchos años
y, con ella, aplazar momentos y sueños por conseguir otras cosas que quizás
alguien más nos dijo que necesitábamos para ser felices, para ser alguien
respetable? “Tienes que ser profesional, casarte, tener hijos o comprar una
casa, un carro”
¿Qué es lo realmente importante en la vida? Cuando mi
historia acabe, ¿qué será eso en lo que pensaré? ¿Será que si vale la pena todo
lo que elijo en este momento? Hoy soy consciente que las elecciones de mi presente
serán esas que el futuro me dará la tranquilidad si las elecciones fueron las
correctas, en ocasiones, quisiera volver a mi infancia y preguntarle a mi niña
qué la hacía reír a carcajadas, qué soñaba ser, cuando aún tantos deberías no
invadían su mente.
Quiero que pasen los años y que, cuando me siente a observar
mi presente pueda decir, se logró, VIVÍ en coherencia con lo que mi alma me
orientaba. Con eso que me hacía sentir que vivía conectada con mi esencia.
Hoy sigo recorriendo este camino que me permite habitarme y
conectarme con las personas, momentos y cosas que me hacen sentir, que sigo mi
brújula interna; que no me escondo para encajar o no molestar, conectada con
mis principios y valores y rodeándome de personas que admiro inmensamente y me
enseñan a cada paso cómo construirme al caminar a su lado cultivando vínculos
seguros, donde puedo ser genuina, brincar como niña, pedir un abrazo cuando
siento que la vida pesa y reír a carcajadas sin temor.
Sigo construyendo una conexión profunda conmigo y lo que me
rodea, y me doy cuenta de que mi areté no es simplemente una definición de lo
que se me hace excelente, sino que es eso que me hace auténtica, esos momentos
que conecto con la vida, con mis talentos, con mis pasiones, mis
amigos, mis padres… siempre un paso a la vez, un día a la vez.
"Lo que uno obtiene al lograr sus metas no es tan
importante como en lo que uno se convierte al lograrlas." — Zig Ziglar
Un paso a la vez, un día a la vez. Sandra Jurado

¡Me encantó! 🥹
ResponderBorrarMás que llegar a un punto final, de la “perfección” es ir construyendo cada día esa coherencia con uno mismo..
Así es, es construirse paso a paso en coherencia con tu esencia. 🤩
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