¿Cómo se define un apego seguro? Desde que estudié el tema en la Universidad me generó mucha inquietud este concepto. Me preguntaba ¿cómo se desarrolla un apego de un tipo u otro según el entorno en el que crecemos? ¿Cuáles son los mecanismos que adopté en mi niñez para responder a mi entorno?
Cómo puedo comprender que esos mecanismos que se quedaron grabados en mí en forma de patrones de conducta me facilitan o me sabotean la vida, y cómo asumir que debo hacerlos conscientes para poder cambiarlos aceptando que finalmente cuando los desarrollé no tenía todo el conocimiento que tengo hoy, por muchos años me ha cuestionado ¿cómo es posible que muchos momentos de mi vida que no recuerdo gobiernen mi actual comportamiento?
Cuando el profesor de Universidad comenzó a hablarnos sobre el apego, cómo se clasifican y qué significa cada tipo, sentí mucha inquietud por el tema y recuerdo cómo en ese momento cobró mucho más sentido del que ya tenía la carrera que estaba estudiando, pues desde el colegio, me inquietaba por qué las personas nos comportamos de una u otra manera. Hoy confieso que sigo sin comprenderlo muy bien, tanto en mí, como en los otros, pues este proceso de aprender del ser humano y su forma de relacionarse y afrontar diferentes situaciones será un motivo de estudio de largo alcance. Ya desde los primeros filósofos se preguntaban por la virtud, la excelencia y el autoconocimiento y hoy muchos años después seguimos debatiendo sobre el tema.
Sobre el tema del apego hoy se habla de manera más abierta, o bueno, en los entornos en los que yo me desenvuelvo es más común escuchar algo sobre el tema. Entre colegas y amigos nos compartimos contenido de aprendizaje y de valor para relacionarnos mejor, sin embargo, hoy, después de varios libros, horas de terapia y muchas conferencias sobre el tema, tengo momentos en los que me pregunto: ¿cómo se comportaría alguien con apego seguro en este momento?
En esas reflexiones internas a veces siento que por la facilidad que tenemos en este momento para tener acceso a la información, también se puede llegar a malinterpretar el concepto de los diferentes tipos de apego, y, sin darnos cuenta nos movemos desde un apego ansioso a uno evitativo o desordenado y hasta seguro al navegar en las definiciones que encontramos por diferentes medios.
En otras ocasiones, normalizamos los comportamientos aprendidos y consideramos que el otro se debe adaptar a nuestras exigencias, o quizás estar menos roto para poder darle entrada en nuestra vida. Exigimos afuera en ocasiones lo que nosotros no tenemos para ofrecer o lo que no nos damos en muchas ocasiones a nosotros mismos y cómo culparnos lo que no entendemos… a veces es que es más fácil mirarlo en el otro para juzgar o normalizar una reacción infantil a un comportamiento igual de infantil de quien lo critica. Y vuelve mi pregunta: ¿cómo relacionarnos entre adultos y no como los niños que atacan, lloran o invalidan al otro?
Reconociendo que en la niñez, que es cuando se aprendieron estas estrategias seguramente fueron muy funcionales para enfrentar el mundo sin la capacidad, en algunas ocasiones, de comunicarnos, y aprendimos que en algunos momentos la única manera que encontrábamos para ser vistos era hacer una pataleta, o no expresar lo que se sentía para no molestar, buscando cubrir nuestras necesidades emocionales de alguna manera. Sin embargo, ya como adultos, esos comportamientos en la mayoría de las ocasiones nos complican la existencia.
Al pensar esto, recuerdo esta frase:
"Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino."— Carl Gustav Jung
Al reflexionar un poco más sobre esta frase, me pregunto: ¿cuántas veces me he saboteado en mi vida adulta, para comprobarle a mi niña interna que los mecanismos que desarrolló en la infancia siguen siendo viables? Y cómo darme cuenta a tiempo, antes de que sea demasiado tarde para remediarlo. Es como una carrera contra reloj para evitar hacerte daño y, en el camino, dañar a personas que amas.
En este camino de preguntas eternas y autoconocimiento he descubierto que el camino, a veces es empinado y difícil y otras es tranquilo y liberador y que aunque parezca complejo y contradictorio al mismo tiempo, es el proceso que se necesita para reencontrarse a sí mismo. En el camino de habitarme en cada espacio de mi ser, mi conclusión es que para tener la posibilidad de amar a otros es necesario empezar a amarse.
A amar se aprende amándose a uno mismo, y sé que es una frase que se escucha y se repite comúnmente, pero pocos nos cuentan qué se debe hacer para lograrlo, porque para amarse a sí mismo debes hacer las paces con tu pasado para olvidar y sanar lo que ya no funciona y aprender otros recursos. Es decir, para encontrar a la adulta funcional, segura de sí misma, independiente, que disfruta del contacto emocional sin ansiedad, me debo olvidar de todo lo que, por años, me dije que era lo correcto y funcionaría para estar bien.
No ha sido un proceso fácil. Tengo una voz interior exigente que me juzga y maltrata en algunas ocasiones y yo se lo permito, ese fue el diálogo interno que aprendí e instaure como mi voz y fue así como poco a poco aprendí que debía empezar a cambiar la calidad de mis diálogos y que en los ojos correctos puedo ser todo eso bonito que un día soñé ser; que en los ojos correctos puedo ser valorada y aceptada por ser quién soy. He aprendido que las palabras que me digo al iniciar el día marcan todo en positivo o negativo. Aprendí amarme, a reconocer qué bases forman mi piso emocional y me dan seguridad, para aferrarme a ellas, cuando todo parece desmoronarse.
En terapia he trabajado mucho varios temas, entre ellos: ¿Cómo construí la manera en la que me relaciono con el mundo? ¿En qué momento me creí tantas cosas, que me repito a mí misma cuando estoy vulnerable, triste, angustiada o enojada? Cómo comprender qué fue lo que me dolió tanto para comenzar a resignificarlo y comprender que los ojos correctos son los míos, esa mirada cómplice en el espejo que me dice: vamos a intentarlo, estás bella, aunque sea difícil lo superaremos. Aprender que la primera mirada para la que debo ser valiosa es la mía, que la manera en la que me miro y me hablo cada vez que me veo en el espejo marca demasiadas cosas, que debo buscar la validación en mí y no afuera, que mi alma quiere abrir las alas y volar libremente, que mis talentos siempre estuvieron a mi disposición, como un jugador en la banca listo para aprovechar su oportunidad para brillar.
Y definitivamente comprendo que aunque el proceso no es fácil, ni tiene una receta mágica en la que cambias una pieza por otra y todo funciona perfecto, que no siempre se llega a las respuestas en el momento que uno desea, el proceso vale la pena, es doloroso, implica constancia y mucha disciplina, que algunos días pesaran más que otros.
Que un día tranquilo para ti en el que no esperabas comprender algo, tus papás te cuentan algo de tu niñez y todo va cobrando sentido, y en otros momentos estás en un espacio grupal en el que, con la historia de otros tienes un momento de claridad (darse cuenta) y comprendes algo que venía rondando hace un tiempo en tu mente. Y hay un momento maravilloso que me encanta en el proceso terapéutico, que digo: "CARAJO” ¿cómo no lo vi antes? Ahora me parece tan obvio… no sé cómo me demore tanto para verlo.
Y también he comprendido que cuando enciendes la luz puede ser muy fácil decirlo con la lucidez que brinda el proceso de autoconocimiento; en la oscuridad, por más que tengas la respuesta al frente, no la verías porque tienes una venda que no permite hacerlo, y es donde se siguen repitiendo momentos poco constructivos para el desarrollo, donde se repiten patrones de comportamiento inconscientes. Sin embargo, el otro lado es más retador, porque después de ese momento de claridad la pregunta que queda es ¿y ahora? ¿Qué hago con esto? Ya no lo puedo ignorar, debo trabajar en ello para mejorarlo, con la satisfacción que tiene mirar hacia atrás y reconocer el camino recorrido, los aciertos y desaciertos, las cicatrices que miras como amor, y esas que aún no terminan de sanar, que a veces duelen ante algo pequeño; esos momentos me muestran que los pasos han valido la pena y que vamos a seguir en el camino.
En ocasiones la respuesta a algo llega con otras inquietudes, que te hacen sentir como si estuvieras caminando en arena movediza. Y comprendo que el proceso de autoconocimiento nunca termina. A veces quisiera preguntarme menos, entre más conozco, la tranquilidad va llegando a mí y a mis vínculos. Sin embargo, siento que tengo más dudas que certezas.
Un paso a la vez, un día a la vez. Sandra Jurado
Para quienes les es de interés este tema, les comparto dos recursos, donde pueden ampliar información sobre la Teoría del apego:
- Los 4 estilos de apego de la Teoría del Apego y su importancia
Mario Guerra: Hay cuatro tipos de apego, ¿cuál es el tuyo? - BBVA Aprendamos Juntos

Me encantan tus escritos!
ResponderBorrar🫂🥰 Gracias, por leerme
BorrarGracias! ♥️
ResponderBorrar🫂🥰 A ti, por leerme
BorrarGracias por compartir desde el corazón y la ternura de tu mirada. ❤️
ResponderBorrarGracias 🤩🥰
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