El eco de lo que fuimos

 

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¿Qué es el olvido?

Hay personas que han sido parte de mi recorrido educativo, familiar y laboral que hoy no recuerdo, y existen otras que es inevitable no extrañarlas, por más que pasen los días, los meses e incluso los años. Hoy me pregunto: ¿qué extraño? Observo el firmamento y, ante esta pregunta, pienso si realmente me extraño a mí cuando compartía con ellas: risas, abrazos, llamadas largas para saber cómo estábamos, celebrar triunfos y acompañar en luchas.

A veces la nostalgia puede ser compleja: extrañar y añorar un momento que definitivamente no volverá. La vida está llena de elecciones y a veces esas te llevan por caminos que te alejan de quienes recorren el camino a tu lado. Hoy, con la nostalgia instalada en mi pecho, suspiro y pienso: gracias por lo vivido, por los recuerdos. Confieso que no me gusta sentir esta sensación, quizás porque viene a mostrarme una herida que no termina de sanar y que, en ocasiones, prefiero ignorar. Y definitivamente ignorar no es sanar.

¿Extrañar tiene alguna función? Si se presenta con tanta fuerza, seguro que sí. Sin embargo, siento que es complejo y, a la vez, peligroso, porque por extrañar lo que ya no se tiene se deja valorar lo que sí, para luego extrañarlo cuando no esté. Un ciclo interminable de no cuidar para perder y luego extrañar. Posponer encuentros familiares, con amigos y personas significativas porque “después sí tendré tiempo”, porque estoy estudiando, porque estoy trabajando… y ese después se convierte en una salida corriendo porque la persona se enfermó, con el nudo en estómago de no saber si al llegar la encontrarás aún con vida porque no tuviste tiempo antes. Solo ante la inminencia de su partida reaccionas ante lo importante que es para ti.

Victor Frankl, menciona que:

 “El extrañar funciona como recordatorio de lo que nos importa, evidencia del amor que hemos experimentado o deseamos. No hay nostalgia sin significado: incluso el dolor de la ausencia reafirma la valía de lo perdido o de lo que se desea.”

¿Por qué te extraño? ¿Qué extraño? ¿Tu voz, tu mirada, tu olor? ¿O me extraño a mí cuando compartía contigo? Quisiera saber cómo estás, dónde estás, si eres feliz. Te imagino siéndolo, pues, eso me da tranquilidad. Hoy solo tengo ese recurso para verte. Aún recuerdo tu voz cómo la última vez que la escuche. Recuerdo ese último abrazo que, aunque sabía que sería el último, guardaba la ilusión de que quizás no. Recuerdo que me monté al carro con la añoranza de poder volver a tener otro, así como en otras ocasiones había pensado que era el último y no lo había sido. Hoy ese momento es ese recuerdo al que regreso cada vez que la nostalgia toma mi alma y te extraño.

Respiro profundo y reafirmo que, aunque sienta que algo falta en mí, la vida sigue. Siempre sigue. No para a esperar que transites el dolor. Las personas que te acompañan, en ocasiones, pueden ignorar tus señales de que algo no anda bien, y los entiendo: a veces es más fácil ignorar que acompañar, porque si no sabemos acompañarnos a nosotros mismos, ¿Cómo lo vamos a hacer con los demás? Y, sin darte cuenta, te terminas aplicando la misma estrategia: ignorando lo que sientes para ver si desaparece. Pero las emociones no funcionan así. Las puedes ignorar, guardar en un cajón, esperando que desaparecerán, llenarte de trabajo para no pensar en ello y creer que todo está bien… hasta que se empiezan a manifestar.

Una película que te hace sentir algo que no querías mirar en ti. Una pregunta en un concierto, que te hace cerrar los ojos y pensar en esa persona que no quieres pensar, pero tampoco quieres olvidar porque sientes que, si lo haces, definitivamente desaparecerá. Y quiero tenerla así sea en mis recuerdos.  

Hoy, en una noche de desvelo, reconozco que me he ignorado tanto que mi mente no encontró otra manera para permitirme sentir que no dormir, llorar hasta sentir que el alma descansa. El llanto puede ser el primer paso hacia encontrar ese sentido y aliviar el alma, llorar, permitiéndome sentir; permitiendo dar sentido a cada lágrima que recorre el cuerpo; suspirar y sentir que puedes extrañar sin dolor, sin añoranza.

Sintiendo que diste lo suficiente en su momento, que siempre puede ser mejor, que quizás un perdón no se pidió a tiempo, una decisión se tomó demasiado tiempo para tomarse… pero paso como tenía que ser ni antes ni después. Y es así donde toma sentido para mí la frase de Víktor Frankl 

"El sufrimiento deja de ser sufrimiento en cuanto encuentra un sentido."

Y yo la complemento: en cuanto dejas de luchar con algo que no va a cambiar. La nostalgia no devolverá el momento, ni la persona que ya no está. Por eso la importancia de cuidar el momento presente para no tener remordimientos más adelante, de abrazar esa persona que es importante, de ese te quiero a tiempo, de esa mirada, de dedicar tiempo de calidad en el aquí y en el ahora.

Hoy miro mi pasado y agradezco cada momento vivido, con personas que aún hacen parte de mi vida, otras que ya no están. Agradezco infinitamente mi historia porque me enseñó a ser lo que soy. La vida me enseña, a cada momento, a valorar las personas, las oportunidades y, en sí, el hecho de poder vivir, de tener la capacidad de preguntarme, de habitarme, de escucharme, de sentirme y mirarme para comprenderme, no para juzgarme.

Hay personas que no leerán este escrito. Sin embargo, quiero expresar cuánto extraño: las risas, los abrazos y todos los momentos que guardo en mi corazón. Comprendo que la vida se construye con momentos, algunos en silencio y en compañía de mí misma, otros con música y compañía de otros, y que tan necesario todos, Hoy me descubro disfrutando inmensamente momentos que hace un tiempo me daba angustia, solo pensarlos. Voy aprendiendo a caminar a mi ritmo, en coherencia conmigo y con eso que hace alegrar mi corazón y mi alma.

Hoy miro al cielo y agradezco los momentos, las risas, los recuerdos que hoy me hacen ser quien soy. Y comprendo que extrañar no es un error, es una prueba de que amé, de que estuve presente en la vida de otros, de que tuve vínculos que me transformaron. Extrañar también es una forma de seguir habitando la memoria.


Un paso a la vez, un día a la vez.

Sandra Jurado


Comentarios

  1. Qué belleza de reflexión, honesta y profundamente humana. Leerlo es como conversar con el alma sobre lo que se queda, lo que se va y lo que permanece en la memoria. Gracias por recordarnos que extrañar también es amar.

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  2. Me gusta mucho tu reflexión, me conecto plenamente con ella.

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