"La vida no siempre necesita planes, a veces solo necesita conexión."
Hoy me miro en el espejo y sonrío al reconocer que me encanta este proceso que estoy viviendo. Siento que mi vida va bien, me encanta trazar proyectos con mi pareja y verlo feliz cuando damos inicio. Ser felices juntos es una sensación indescriptible. Por muchos años me pregunté si lo encontraría, si esa imagen que construí en mi mente sería real, y hoy, sentada en mi balcón, suspiro y le doy gracias a la vida y al camino por cruzar nuestros pasos, por demostrarme que es posible.
Con mi pareja he aprendido una nueva dimensión del tiempo. He aprendido a no tener plan y, sin embargo, siempre tener algo divertido para hacer. Durante el tiempo que compartimos, soy feliz, estoy tranquila y plena, y ese tiempo pasa demasiado rápido. Son momentos tan en el presente, que al consultar la hora me sorprende todo el tiempo que ha pasado. Confieso que adoro que eso nos pase. Con él conocí el verdadero significado de tiempo de calidad: tiempo de nuestra vida dedicado a recargar la vida misma, el alma propia y la del otro, tiempo sin celulares, tiempo para nosotros, y es demasiado valioso.
Es curioso, porque esa misma sensación de paz, conexión y tranquilidad, en ocasiones me generaba ansiedad, por mi capacidad única de anticiparme a todo lo malo. Me da temor perderlo, porque es algo que nunca antes había sentido: una conexión de alma, cuerpo y mente. Hoy, cuando llegan a mi mente estos pensamientos, me digo a mí misma: deja el exceso de futuro y ámalo en el presente. Leer juntos me ha permitido comprender y aceptar que somos seres temporales, y esa claridad en mi cabeza, al inicio, me generó un torbellino de sensaciones y pensamientos. Era inevitable para mí preguntarme: esto tan lindo que estoy viviendo, ¿cuánto durará? Lo soñé por tanto tiempo, que me parecía irreal que estuviera pasando. En algún momento sentí tanto temor, que paradójicamente estaba haciendo cosas que lo alejaban. Nuestras conversaciones me permitieron, con total franqueza, expresar cómo me estaba sintiendo, y él, con una actitud de apertura, me escuchó, lo que ha permitido fortalecernos y poco a poco, nos vamos acoplando mejor. Definitivamente, el reto no es coincidir, el reto está en cuidar la conexión, fortaleciendo lo bueno y trabajando en las sombras de cada uno. No está mal tener sombras, lo malo es ignorarlas. Ya lo dijo Carl Jung: “Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad”.
Quizás mi temor a perderlo me hacía conectar más con mi sombra, con mis temores, con mis inseguridades, y eso no está mal. Finalmente, cada emoción llega a enseñarnos algo y en esta ocasión me enseñaba que tenía miedo de mirar de frente la posibilidad de no tenerlo en mi vida. Hoy reconozco que somos temporales, y no solo por el hecho de que la relación se pueda terminar por muchísimas razones, sino porque finalmente todo lo que hacemos está enmarcado en tiempo.
El tiempo que pasamos trabajando, pasando de una reunión a otra, de un chat a otro, en un mundo que nos acostumbró a respuestas inmediatas, donde una pregunta es súper importante, así su respuesta solo impacte a una sola persona, versus un proceso crítico en curso, porque no podemos esperar. Un mundo en el que los audios se escuchan en 1.5x o 2x porque no podemos con el ritmo del otro. Un entorno en el que preferimos un mensaje de texto a una llamada, porque no tenemos tiempo.
¿Para qué, si tenemos tiempo?
Hoy prefiero una llamada a un mensaje de mi pareja. Escucharlo es un regalo para mis oídos, me permite reconocer cómo está en su tono de voz, podemos fluir en la conversación, algo que el texto o el audio no transmite con tanta facilidad. A veces siento que la vida es una carrera contra el reloj que demarca cuándo despertar, alimentarnos, descansar. Y fue cuando hice consciente el corre-corre en que se convertía mi vida que comencé a amar mucho más el tiempo que pasaba con mi pareja, porque es nuestro tiempo, a nuestro ritmo. En momentos no miramos el reloj en todo el día, y solo el atardecer nos recuerda que se acabó. Reconociendo esa temporalidad y el temor que en algún momento me bloqueó, di un giro a mi pensamiento y me prometí que, cada vez que estuviéramos juntos, él sería todo mi presente. Si aceptaba que en algún momento podría perderlo, haría que cada momento juntos fuera especial, no solo cuando cumplíamos meses —es más, poco lo recordamos—, o en mi cumpleaños o en el de él. Cada momento que tuviéramos la oportunidad de compartir, le haría sentir lo afortunada que me siento de tenerlo en mi vida. Y así fue cómo me tracé la misión de hacerlo sentir amado.
Quienes me conocen saben que no soy la más tierna ni expresiva, no me gustan los abrazos, aunque los recibo con amor siempre que alguien, de manera genuina, desea brindarme uno. Sin embargo, con él soy la más tierna, cuidadora, la más mimada. La tranquilidad que me brinda, el amor mutuo, hace que lo mire a los ojos y valore cada segundo que elige compartirlo conmigo. Con la conciencia de que somos temporales, me gusta sumar a su vida, así como él suma a la mía. Amo consentirlo y amo cómo él también me hace sentir amada, con cada palabra, con cada mensaje, con cada llamada. Hace poco me dijo, al celebrar una oportunidad de comprar algo: “Últimamente te han pasado cosas muy buenas, tú mereces solo lo mejor”. Fui mucho más feliz con esas palabras que con lo que estaba comprando. Mi respuesta fue: empezando por ti, un hombre que llegó a mi vida de una manera curiosa. Bien dicen que cuando estás lista, la oportunidad llega, y siento que cada uno llegó a la vida del otro a sumar, reconociendo que tenemos aún muchos temas para mejorar, que nos podemos enojar y tener nuestros desacuerdos, creo que todas las parejas lo tienen. Lo que marca la diferencia es cómo se resuelven.
Leer juntos de estoicismo, conversar sobre el Memento mori (“Recuerda que morirás”), es un aviso de que somos temporales, una invitación a centrarnos en lo importante, a dar lo mejor de sí en cada momento, porque finalmente es nuestra elección de utilizar nuestro tiempo en esa actividad. ¿Cómo estoy eligiendo vivir cada día? ¿Cómo estoy disfrutando de las personas que amo mientras están vivas? ¿Cómo vivir plenamente? ¿Cómo lograr el tan anhelado equilibrio entre el tiempo en el trabajo, el tiempo de disfrute de hobbies, el tiempo de pareja, el tiempo de aprender algo nuevo? ¿Cómo generar conexión con cada cosa y disfrutarla al máximo?
Desde pequeña, recuerdo que he sido inquieta y preguntona. Me ha cuestionado el tema de la muerte, me vi documentales tratando de comprender el significado desde cada cultura y religión. Sin embargo, creo que apenas estoy comprendiendo el real significado para mí, y es aprender a vivir cada momento con la conciencia de que es finito, así como las personas que comparten conmigo.
Por momentos me pregunto: ¿Estoy viviendo lo que quiero vivir en mi aquí y mi ahora? ¿Por qué estoy haciendo esta elección? Cuándo mi mente entra en esas disyuntivas y lo hago consciente, cierro mis ojos para tratar de centrarme en el siguiente pensamiento: «Solo existe este momento, este es mi aquí y mi ahora, voy a disfrutarlo sin intentar cambiarlo». No es fácil, cuesta en ocasiones no luchar, no querer cambiar algo, desesperarse cuando alguien da muchos rodeos para llegar al centro del asunto. Es un aprendizaje constante.
Ser acelerada me ha traído muy buenos frutos y otros no tan divertidos. Sin embargo, hoy agradezco cada paso dado, que me ha permitido valorar, escuchar una melodía disfrutando del sonido de cada nota, disfrutar de una copa de vino y agradecer a cada momento las oportunidades que tengo y los sueños que impulsan mi alma.
Mi pareja hoy es mi gran inspiración. Aprendemos juntos, disfrutamos hobbies juntos y también tenemos espacios en los que cada uno puede conectar consigo mismo. Me encanta todo lo que vamos logrando construir. Me sigue en mis locuras, permite a mi niña salir a jugar y juntos vamos dando forma a nuestra relación. Los fines de semana son un suspiro lleno de conexión genuina.
Cada día es una nueva oportunidad de poner en práctica lo que leo y converso con mi pareja. Colocar en práctica lo que leemos de estoicismo en un momento tranquilo, en el que no se exige mucho de ti, es fácil. Ahora bien, serlo con diversos temas en curso, unos tanto urgentes, muchos importantes, exige una mirada diferente.
El proceso de aprendizaje lleva tiempo y el ponerlo en práctica también. Es como aprender un nuevo idioma o aprender a tocar un instrumento: requiere de paciencia y mucha constancia. Quizás a la primera no sale, ni a la segunda, y quizás ni a la décima vez, y un día, como si fuera magia, se va logrando. Sin embargo, me inquieta que cuando yo me siento tranquila, otras personas me digan “tranquila, no se acelere”, y yo, más que nadie, sé que no estoy acelerada. Y me pregunto: ¿será que me veo acelerada? ¿O quizás el otro espera que yo me acelere y me corrige sin mirarme realmente? ¿Cuántas veces me pasará lo mismo? ¿Veo al otro a través de lo que construí en mi mente, y no de lo que me enseña en la actualidad? ¿De qué me estaré perdiendo?
Con esas preguntas, miro la vida con ojos de aprendizaje y de agradecimiento, tratando de pausar, para ir un paso a la vez, un momento a la vez. Hoy me sigo cuestionando, pero ya no desde la ansiedad, sino desde la curiosidad de aprender. Me permito sentir, agradecer, fallar, respirar profundo, mirar a los ojos a quien amo y reconocer que este momento, solo este, es todo lo que tengo.
Y si este instante es todo lo que existe, entonces elijo vivirlo, con amor, con presencia, con propósito. Porque amar en presente es el mayor acto de valentía, y también, el más profundo acto de amor.
Que bonitooooooo, hacen una hermosa pareja aquí y ahora. Sigan construyendo, soñando, escribiendo su historia juntos, viviendo y aprendiendo… hagan que todo sea posible, con toda y sin miedo al éxito!
ResponderBorrarGracias 🤩🥰
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