Desde la adolescencia me preguntaba ¿cómo construir una relación de pareja feliz?, siempre fue importante para mí estar en pareja, sin embargo, creo que en ese momento creé ese ideal desde el amor romántico que veía en las telenovelas. Crecí y estuve en una relación por muchos años, hasta que tomé la decisión de separarme y empezar de nuevo, inicié una relación con 17 años y 17 años después, empezaba de cero, ya con 34 años y muchos aprendizajes.
En mi caso, puedo decir que hice parte del duelo estando en la misma relación, sin embargo, ya ver que estaba pasando esa situación que por tanto tiempo rondó en mi cabeza, implicó un reto interesante, agradezco infinitamente a las personas que me acompañaron en cada paso de esa decisión.
Luego de separarme, seguí en mi proceso terapéutico, buscando respuestas que me permitieran comprender muchas situaciones que se presentaron en esos años de relación, sola retome mi hábito de lectura y literalmente devoraba libros, me puse la meta de trabajar en mí, de conocerme y amarme a mí, de estar tranquila conmigo.
En ocasiones sentía nostalgia, no sabía cómo estar sola, había estado acompañada los últimos 17 años, fue retador la primera vez que fui sola a almorzar y el mesero preguntó ¿mesa para cuántos?, recuerdo que lo miré, encogí los hombros y le dije: para una, era tan incómodo para mí el tiempo de espera en el restaurante, que me entretenía con el celular, paso a paso se hizo más cómodo, siempre tenía un libro conmigo, así mientras esperaba, aprovechaba y leía, hasta que me sentí lista para ir a cine sola, salir de paseo sola, paso a paso me sentía más y más cómoda conmigo, aprendí a disfrutar de mi compañía.
En el trasegar de la vida, vamos recolectando momentos que en nuestra memoria se configuran como positivos o negativos, no recuerdo en qué momento asocié soledad con algo malo, sin embargo, ese proceso me enseñó demasiado, me amé en cada paso a cada momento, volví a reconectar conmigo.
Cuando sentí que estaba lista para estar en pareja, elaboré mis no negociables y mi lista de deseos de ese compañero de vida, hoy siento que la vida me premia al coincidir en mi camino con un ser igual de inquieto por el aprendizaje, un amor que me permite ser, me acompaña en mis luchas y me brinda la posibilidad de construir conocimiento a través de conversaciones que nutren el corazón y el alma, compartimos el gusto por la lectura y por la música, lo que nos permite horas muy entretenidas entre leer juntos y analizar lo leído.
Hoy me siento afortunada de contar con un cómplice de travesuras, un impulsor de sueños, un hombre que me mira con amor y con ese mismo amor también me acompaña en el proceso de seguir trabajando en mí, estar en pareja también es un proceso de construcción constante, lo que más valoro, fue la promesa que nos hicimos al conocernos, ser genuinos, para tomar la decisión de elegir o no caminar al lado del otro, es y será la mejor promesa para alguien, sea pareja, amigo o familia, poder brindar al otro la posibilidad de ser, de ver el lado fuerte y también el frágil, de sostener en los momentos difíciles y celebrar juntos los logros de cada uno.
A lo largo de los años he aprendido a valorar la tranquilidad, y era uno de mis temores al estar en pareja nuevamente, sin embargo, para mi sorpresa mi camino se cruzó con un hombre, con el que siento una sensación de paz que no puedo explicar, sentirme segura en sus brazos, sentir que juntos el tiempo obtiene un significado diferente, descubrir que puedo ser genuina sin temor, no ha sido fácil, sin embargo, los dos tenemos la capacidad de colocar las conversaciones incómodas cuando se ha requerido y esos momentos son los que más nos han fortalecido como pareja.
La relación de pareja es un proceso en constante construcción, es una elección de todos los días, es un proceso de conocerse y conocer al otro, alguna vez mi terapeuta me preguntó, de esa lista de características que tienes para tu futura pareja ¿cuáles tienes tú?, ¿tú te elegirías a ti como pareja? Ese fue un momento de verdad que me llevó a hacer conciencia que primero debía ser para mí misma, eso que esperaba de mi pareja.
El ser humano es curioso, esperamos que el otro nos acompañe y nos acepte, y qué tanto nos aceptamos a nosotros mismos, qué tanto aceptamos a los demás como son, qué tan fácil o difícil es permitir al otro ser, aceptar que le guste algo diferente, aceptar que piense diferente, aceptar que al otro le duelen cosas diferentes, como aceptar con amor esas diferencias para no construir un muro con ellas, ese es el reto constante, creo firmemente que las relaciones sanas se construyen todos los días, no es simplemente la hermosa casualidad de coincidir, de ver al otro con ojos de amor, adorar su voz, y como te sientes segura en sus brazos, es tener la disposición para escuchar, para compartir, para cuidar en la enfermedad, para proteger los sueños del otro como propios, para decir con amor lo que te incomoda.
Leer el arte de amar de Erich Fromm, me permitió comprender mucho mejor algo que desde la adolescencia me preguntaba, y que nunca había pensado que es un arte que también se perfecciona. Encontrar una persona que me permite armarlo y al mismo tiempo nos complementamos, para que cada uno siga construyendo sus sueños es uno de los mejores regalos del 2024.
Gracias amor por llegar a mi vida, gracias por ser mi coequipero para que este sueño de compartir lo que escribo sea realidad, esta publicación es para agradecerte la posibilidad de construir juntos, gracias por el tiempo que dedicas para acompañarme y enseñarme, gracias por sumar a mi vida todo lo bonito qué ha llegado desde esa hermosa coincidencia que unió nuestros caminos.
Te comparto momentos que como pareja nos han fortalecido y puedes aplicar para ti y validar si te funcionan:
Ser genuino, informando con claridad que te gusta y que no.
Aceptar el ritmo del otro.
Escuchar para comprender y no para responder.
Poner las conversaciones difíciles con la apertura de comprender el punto de vista del otro y llegar acuerdos válidos para los dos.
Compartir hobbies.
Apertura para aprender.
Conversaciones que permitan el aprendizaje mutuo, disposición para aprender del otro.
Ser frágil.

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