Muchas veces escuché esa frase, y me preguntaba ¿Cómo lograrlo?, sentía que tenía las alas rotas, o quizás atrofiadas, hoy reconozco, con el paso de los días, como paso a paso las fui reparando para poder aprender a volar; un día alguien a quien quiero mucho, me dijo, “abre tus alas y demuestra lo alto que puedes volar”, en ese momento esa frase me pareció muy bella e indudablemente brotó una lágrima, algo no tan difícil porque lloro con demasiada facilidad, sin embargo, un mes después de escucharla, la vida me tenía preparada una lección con la que por fin le daría sentido al “abre tus alas y vuela alto”.
En un momento de mi vida comencé a sentir que ya no todo iba tan bien, que quizás esos talentos que consideraba tener no estaban tan claros y mi vuelo comenzó a caer, llegó un día en que él ya nada tenía sentido ni siquiera queria luchar, sentí como si ese día no quisiera abrir mis alas, y por mi mente pasaba una pregunta ¿Para qué volar si siempre hay algo o alguien que quiere cortar mi vuelo? Hoy creo que la pregunta era equivocada, ya que el sentido de mi vuelo lo daban los demás, sin embargo, en ese momento esa pregunta me detuvo, y me llevó a buscar como estar segura, sin poner en riesgo mis alas.
Nunca me había tomado el tiempo de preguntarme qué tanto debía luchar un pájaro para abrir sus alas y volar, hasta un día, que un pichón de pajarito chocó con un lado de la ventana de mi oficina que estaba abierta, y luego golpeó en mi cabeza, mi reacción fue brincar de mi silla del susto y romper en llanto mientras el pobre pajarito quizás estaba más asustado que yo, porque por error entró a un apartamento en el que viven 3 gatos; sin embargo, fue tan inteligente que se escondió rápidamente, mientras yo entraba los gatos a una habitación, por un momento mi mente no lograba procesar lo que estaba pasando y comencé a sentir como mi respiración aumentaba y sin darme cuenta un ataque de ansiedad se apoderaba de mi mente, que teso saber todo lo que sabes y, sin embargo, en esos momentos solo necesitar que alguien llegue te abrace y te diga que “todo va a estar bien”, él no estaba físicamente, estuvo tras la bocina de un celular, mientras yo temblada de miedo sin saber realmente miedo a qué, lloraba sin poder entender qué pasaba, sentía una presión en el pecho y me decía a mí misma “solo es un ataque de ansiedad, solo es un ataque de ansiedad”, sin embargo, mi mente ya había volado hacia un ataque de pánico, me sentía indefensa como una niña escondida debajo de una mesa con el temor de que algo terrible me pasara, y pensaba ¿Qué me quiere enseñar la vida con esto?, y retumbaba en mi mente ese mensaje de “Ve, abre tus alas y vuela alto”.
Fui consciente de mi respiración y comencé a realizar ejercicios que me llevaran a la calma, y poco a poco lo conseguí, saqué los recursos que tengo y cambié mi mente de emoción, aún asustada y planteándome los peores escenarios, algo muy habitual en mí, al mismo tiempo me decía a mí misma, ¿Qué tan malo me puede hacer un animalito tan chiquito?, el daño grande me lo estoy haciendo yo misma, llevando mi cuerpo a ese estado de alerta. Así logré calmarme y quedarme medianamente tranquila, con los gatos controlados en una habitación, era algo menos en lo que pensar.
Curiosamente, cuando me concentré en otra cosa, el pajarito salió muy cauteloso y por un tiempo solo observó, cuando se sintió seguro, cantó y del árbol de afuera también cantaban otros pájaros, supuse que el pajarito pedía ayuda, y de afuera los pájaros que cantaban le decían “tú puedes abre tus alas y vuela alto”, como cuando estás aprendiendo a caminar y te caes, alguien está para decirte "muy bien, intentado otra vez" en ese momento comprendí que no es solo abrir las alas es aprender a volar, ese día esa pequeña criatura me enseñó que aunque me caiga y me asuste todo tiene su tiempo, me debo calmar y volverlo a intentar.
En cuántos momentos de la vida tomamos caminos que no conocemos y que nos ponen en vulnerabilidad, este pajarito estaba aprendiendo a volar y cometió un error, del que aprendimos los dos, a mí me quedó la reflexión de que es mucho mejor correr el riesgo de intentarlo y aprender algo a nuevo a quedarse esperando que algo pase.
Volví y pensé en la frase, y definitivamente no es solo abrir las alas y volar alto, primero debes de tropezar varias veces para poder aprender a volar y aún ya sabiendo volar, necesitas un lugar seguro para volver a tierra, un lugar donde estés protegido.
Que tan curioso volar alto también tiene sus peligros, mientras más alto es el vuelo más personas encontrarás que quieren frenarlo, y cuando caes la caída es más dura y más rápida, y en esos momentos es donde aprendes a pilotear; el pajarito la primera vez se golpeó muy fuerte porque estaba muy alto, y por eso quedo mal del golpe, sin embargo, cuando intentó salir no estaba tan alto y por eso pudo retomar su intento de volar más rápido.
Ese mismo pajarito luego vuelve y cae al balcón, ahora ya todo estaba cerrado y tras el vidrio del ventanal estaba uno de mis gatos desesperado por atraparlo, observé nuevamente esta situación y pensé, definitivamente no siempre a quien ves cerca es tu ayuda, muchas veces puede ser tu depredador, ¿Cómo saber en la vida en quien confiar, quién me escucha para realmente ayudarme y quién, para atacarme después, quién realmente me quiere ayudar a volar y quién quiere cortar mis alas? Y llegue a la conclusión que lo realmente importante es aprender a confiar en mis alas y en mi capacidad para desenvolverme en los ambientes que me enfrentara.
Ese episodio pasó hace casi 3 años, con él y otros momentos que he vivido, he aprendido a escuchar mi cuerpo y sobre todo a cuidarlo. No existen recetas mágicas para sanar emocionalmente, cada uno tiene su receta interna, el reto está en aprender a escucharte, para comprenderte y no para juzgarte.
Tener conciencia de lo que pasa en algunos momentos puede ser es un proceso doloroso, sin embargo, ese proceso de autoconocimiento va generando unos resultados hermosos, cuando tienes la apertura para analizar las circunstancias de manera diferente, en este momento miro atrás y veo mi reacción, creo que fue la suma de muchas cosas personales, laborales y profesionales, tenía a mi cuerpo en una tensa calma, ignorando quizás, las señales de alerta, que indicaban un pico alto de estrés, pocas horas de sueño y una sensación de no querer luchar más, la combinación perfecta para un ataque de ansiedad, mi cuerpo solo respondió a mil por hora, acelerando las palpitaciones y la respiración, como respuesta a una mente aceleradora; en ese momento me pregunté ¿Qué me pasa? ¿Qué me tiene tan temerosa? ¿Qué me quiere decir mi cuerpo?
Esas preguntas me ayudaron a comprender que estaba atravesando un episodio alto de cortisol, que estaba estresada por tantas cosas al tiempo que finalmente mi miedo a fallar, estaba muy cerca de materializarse, al no estar durmiendo bien era más errática y mi cuerpo trataba de comunicarse conmigo para que parara, y viviera la vida un paso a la vez, reconociendo que volar se logra también un paso a la vez, un día a la vez.
Sandra Jurado - @unpasoalavez.sj
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