Habitar la ausencia: lo que el amor enseña al partir

 

Estoy aprendiendo a habitar la ausencia, a aceptar que lo extraño y que definitivamente me extraño a mí con él.



¿Cómo dejar ir a alguien que amas mucho? Es la pregunta que me ha acompañado los últimos días, sin pensarlo, la vida me puso en una situación que puso a prueba todo lo que estaba leyendo y aprendiendo, sobre fluir, la aceptación incondicional y, sobre todo, sobre el concepto del amor. Para mí el amor era una fuerza que podía sanar y llenar de esperanza hasta el corazón más triste, sin embargo, aprendí la lección de la manera más dolorosa, como creo que aprendemos más, porque, hasta que no lo vivimos y lo transitamos por nuestro cuerpo, no lo comprendemos igual.

Qué tanto dolor necesitas sentir para aceptar que ya no necesitas luchar más, que ya ese lugar duele, como entender que el mismo ser humano que me hacia sentir en un lugar seguro cuando me abrazaba es el mismo que eligió no caminar más a mi lado. A veces siento que soy demasiado frágil, no puedo evitar estar en el trabajo y que las lágrimas comiencen a recorrer mi rostro sin que pueda hacer nada más que secarlas disimuladamente. Y me pregunto ¿por qué me duele tanto? ¿Qué parte de mí no acepta aún está perdida?

Reconozco que amarlo fue el regalo más maravilloso que me ha dado la vida, coincidir con un ser humano en tantos aspectos, reírnos de tantos temas, disfrutar de lo más básico, estar con él me enseñó que no necesito de mucho para ser feliz si me acompañan las personas correctas, hoy me duele la vida, me duele el pecho al respirar, porque estoy aprendiendo a habitar la ausencia, a aceptar que lo extraño y que definitivamente me extraño a mí con él.

Qué me quiere comunicar mi cuerpo a través de dolor en el pecho y el dolor de cabeza, a veces paso muy rápido cuando algo me duele, sin embargo, hace unos días trato de entender el lenguaje de mi cuerpo, por qué unos días me duele más la cabeza que otros, por qué al compartir con algunas personas me duele el pecho, esas sensaciones van más allá de simples dolores, creo firmemente que es una manera de comunicación entre mi mente y mi cuerpo, si no escucho mis pensamientos quizás si a mi cuerpo.

¿Qué función tiene extrañar? 

No extrañes a quien no te extraña me digo constantemente, ojalá fuera así de fácil, siento cada pedacito de su ausencia en cada espacio y momento, extraño su voz, extraño sus abrazos, nuestras conversaciones, me extraño a mí con él. 

Hoy solo tengo el silencio que me rompe en pedazos, es normal me dicen, ha pasado poco tiempo y para mí ya es demasiado tiempo obligándome a comer, a sonreír y a ser funcional, amo los fines de semana sola, cuando nadie me ve y puedo estar conmigo simplemente, leer, ver una película, pintar, practicar teclado y ser simplemente yo y mis gatos.

Pero llegan los lunes o los martes y la nostalgia de un nuevo inicio de semana se instala en mi corazón y aún es difícil no pensar como hace solo algunas semanas atrás un lunes que empezó normal al terminar se acabó con un pedacito de mi vida y desde ese día estoy procesando una pérdida, un duelo, cada día levantarme es una victoria, dormir bien un día y otro no, esperando que llegue el día en el que su ausencia no me duela más, el día que pueda recordar con una sonrisa todo lo recorrido juntos.

Sin embargo hoy aún te busco en mis recuerdos, aún suspiro al pensar en tu nombre, amaba tenerte en mi vida, amaba tus abrazos, amaba tus besos, y definitivamente te amaba a ti, ahora solo queda el recuerdo de una sensación, que por ratos quisiera olvidar y por otros momentos quiero atesorar. El recuerdo que poco a poco con los días se va volviendo nostalgia, el momento que recreas en tu mente para confirmarte que la ausencia es real, ese momento de verdad en cada duelo en el que aceptas que no hay retorno, que solo quedas tú y los recuerdos de esas historias, carcajadas, complicidades, miradas, todos esos momentos que ahora solo están en mi mente.

¿Me extraño a mí contigo, o te extraño a ti? cómo poderlo diferenciar si estás conmigo en cada espacio, en cada café, en algunas anécdotas, llegará el día en el que tu recuerdo ya no duela, en que los ojos no se llenen de lágrimas como en este momento que escribo esto.

La vida a veces funciona de maneras curiosas, a lo largo de la vida he aprendido a creer en las señales, en la energía, la causalidad, con firmeza creo que nada pasa porque sí, nadie llega a mi vida por casualidad, siempre tengo algo que aprender, estoy en el proceso de caminar más liviana y fluir (como un río) y no luchar tanto, estoy cada día más aceptando que la vida hace parte de una corriente continua que no puedo detener y si quiero dejar de sufrir no me queda otra elección que fluir, esta situación me ha enseñado que hasta los días que siento que el tiempo  pasa más lento de lo normal se acaban, que las noches de desvelo pasan y el amanecer llega.

Si todo lo que llega a mi vida, lo hace para que yo esté mejor, ¿para qué estoy viviendo esto? Y he llegado a la conclusión de que mucho de lo que estoy viviendo me ha llevado a reconciliarme con mis demonios, con mis temores, a llevarme a querer aprender mucho más sobre las relaciones humanas y su complejidad, sobre el amor y sus múltiples formas de sentirlo, expresarlo y vivirlo.

Un paso a la vez un día a la vez voy recorriendo este camino que me lleva de retorno a mí, para que mi amor por mí sea más grande que el amor que puedo sentir por alguien que elige ya no tenerme en su vida y yo acepto que esa fue su decisión y me elijo a mí para cuidarme, para sanarme, para aceptar que solo el amor no es suficiente, que no todo lo que se quiere se queda.

Que la vida pone las lecciones que podemos soportar, los momentos que nos derrotan por unos días para poder seguir adelante y luego mirar por el retrovisor de la vida y recordar el momento y sonreír por todo lo que enseñó y significó la posibilidad de amar genuinamente, la sensación de conexión a otro nivel, de esta historia aprendí que puedo amar de una manera que antes de él era desconocida para mí y que hoy aún con dolor y un nudo en la garganta miro al cielo para agradecer la inmensa coincidencia de cruzar nuestros caminos y caminar juntos por un tiempo.

Habitar la ausencia es dejar de luchar con lo que se fue, para reconciliarse con lo que aún habita en uno.

Un paso a la vez, un día a la vez. Sandra Jurado


Comentarios

  1. Te acompaño y te abrazo con el corazón. Tus palabras están llenas de verdad y sentimientos tan puros que me hicieron llorar… permítete sanar, sentir el caos y volver a renacer en tu esencia, en tu luz. Mile te quiero 💛

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  2. Eres fuerte, eres grande, eres amor, eres sensibilidad y la vida siempre es perfecta aun con esos momentos de dolor porque ellos son los que luego nos permiten volver a sentir alegría y tranquilidad. Vamos pa' lante!

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